12/12/07

Suspiros de Cudillero


Ingredientes:
250 g de mantequilla
200 g de azúcar
1 huevo
1 chorrito de brandy
½ cucharadita de café de sal
500 g de harina
1 sobre de levadura química (Royal)
Azúcar extra para adornar.

Elaboración:
La mantequilla ha de estar a temperatura ambiente, para ello la sacamos de la nevera unas horas antes. En un bol la batimos junto con el azúcar, el huevo, el brandy y la sal, hasta que la mezcla quede ligada. Por otro lado incorporamos la levadura a la harina, y añadimos este preparado a la mezcla inicial. Removemos con una cuchara y amasamos un poquito hasta obtener una bola -no conviene amasar mucho porque entonces podrían salir unas galletas duras-. Hemos de obtener una pasta que no se pegue a las manos y tal vez algo esponjosa, que cubriremos y dejaremos reposar a temperatura ambiente durante al menos dos horas. Si no respetamos el tiempo de reposo la textura final de la galleta no será la adecuada. Lo ideal es prepararlo la víspera.

Encendemos el horno a 175ºC; si utilizamos el ventilador del horno algo menos, unos 160ºC. Tras haber dejado reposar la masa podemos dar forma a las galletas. La estiramos con la ayuda de un rodillo hasta dejarla de un grosor de entre uno y medio centímetro y con la ayuda de unos cortapastas o de un vaso vamos dando forma a las galletas. Yo he conocido los suspiros grandes, del tamaño de un vaso de sidra o de un vaso de agua; si preferimos hacerlos más pequeños se puede utilizar un vaso de chupito. Antes de colocarlos en la bandeja del horno pasamos la cara superior por un plato con azúcar. Otras opciones son emplear azúcar moreno, colocar un fruto seco en la superficie o no poner nada, y una vez cocidos pintarlos con chocolate. Una recomendación muy útil es poner papel de hornear en la bandeja para evitar que se manche y que se peguen las galletas. Cuando se coloquen las galletas en la bandeja hay que dejar un espacio de separación entre ellas porque crecen al cocer.

Horneamos a una altura media y cuando adquieran un tono dorado muy ligero las sacamos. Esperamos un minuto (si nos apuramos a la hora de cogerlas se romperán) y las trasladamos a una bandeja con la ayuda de una espátula, unas pinzas o una espumadera.
Las dejamos un día descubiertas, y transcurrido éste, las guardamos en una lata.

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